domingo, 16 de julio de 2017

POLVO EN DOS TIEMPOS

                           




                                POLVO EN DOS TIEMPOS Y CODA FINAL   

Polvo en el aire
Marcos Matacana Martín
Palimpsetoeditorial
Colección de_sastre

          Primer polvo: Si, como decía Novalis, “La poesía cura la heridas ocasionadas por la razón”, Polvo en el aire hurga en las heridas infligidas por el corazón y nos las muestra, razonadas, envueltas en vendas renacentistas, de seda, de algodón, de lino y de poliéster, y nos deja ese dolor en el sentimiento que quería Garcilaso y una hoguera en la razón. Marcos Matacana Martín merecería ser, paradójicamente, un poeta americano, un epígono de Bukowski, un nieto descarriado de los Novísimos, tan olvidados y rancios, y un escolar aplicado del Siglo de Oro ya que se considera “afiliado emocionalmente al Visceralrealismo y al Estridentismo, prometió no escribir nunca nada que no fuese el grito desgarrado de los desheredados de la Tierra, famélica legión. Pero la fiebre del Realismo Visceral bolañiano [se mezcla primorosamente] con influencias como los novísimos, la poesía de Bukowski y la de algunos miembros de la Beat Generation”. Se entienda como se entienda.
          Abren el libro unos versos de Eliot y les sigue una cita en latín de un cardenal toledano. En el primer poema, que es un autorretrato, hay unos versos de Baudelaire; en la primera parte del libro: “A humo de pajas”, otro verso de un poeta español contemporáneo a manera de prólogo; y en el primer poema propiamente dicho, este verso: “Estos días azules y este sol de la infancia” de don Antonio Machado. Esta pluralidad de citas, en diferentes idiomas, y de diferentes culturas, nos avisa de las variantes temáticas que nos vamos a encontrar en el libro: la poesía de la Roma clásica, nuestro Renacimiento, la cultura europea y anglosajona, los grandes poetas españoles del siglo XX y la poesía española actual. Marcos Matacana Martín, siguiendo la “escuela de Álvarez” y de otros,  es propenso a encabezar todos los poemas con una y a veces con dos citas; he aquí algunos de los autores citados: Kiko Veneno, Jack Kerouac, Zeppelin, Derek Walcott, Catulo, Corso, Carver, Radio Futura, Pasolini, Marcos el evangelista, Triana y, por supuesto, “San” Charles Bukowski, que tanto daño ha hecho a algunos poetas.
          Polvo en el aire son varios libros en un solo libro que recoge la mayor parte de la producción poética de Marcos Matacana Martín. Un primer libro voluminoso, resultado de muchos años de trabajo, con algunos de los defectos de un principiante que no lo es. Un trabajo al que le faltan (o tal vez le sobran) signos de puntuación, mayúsculas, algunas repeticiones, homenajes y temblores. Posiblemente hubiera sido mejor para el poeta y para el editor si esta obra hubiera sido publicada en tres tomos. A los que hemos seguido a Marcos Matacana Martín y sabemos que es un poeta con una voz propia este libro nos sabe a poco; los que le siguen estarán de enhorabuena porque Polvo en el aire es un libro necesario, que rompe moldes establecidos y que se adelanta, en muchos aspectos, a una poesía que en España no se suele hacer. De apariencia coloquial y en ocasiones “prosaico”, Polvo en el aire tiene una musicalidad, a veces estridente, como si Mozart hubiera perdido el compás, sin perderlo, o Bela Bartok lo hubiese recobrado.
          Hay dos aspectos que a uno le han interesado desde que conoció, hace ya tiempo, la poesía de Marcos Matacana Martín: la presencia de la tradición española y “el soplo divino del poeta”. Marcos Matacana Martín, ecopoeta y autoproclamado gurú del Movimiento Post-itista, que conoce muy a fondo la historia de la literatura española, incrusta en medio de un campo minado de putas, camas, vaginas, culos, cojones, una idea o el texto de un clásico que hace que el poema no sólo se salve, sino que haga de esa textualidad un juego y un estilo. Hay que destacar la habilidad del poeta para elevar el poema cuando parece que se hunde. De ser un poema poliéster, o de los que escriben la generación Instagram, a ser un poeta modélico en su género.
          Marcos Matacana Martín tiene una voz que a veces que susurra y a veces gime con un aliento de honda soledad, pero es una voz despejada, que resuena, una voz certera. Es un poeta, por un lado, con ese “dolorido sentir” de Garcilaso y el fatalismo barroco andaluz, un mar elegíaco con un pantalán en el que alguna vez fue feliz.
          En Polvo en el aire hay una visión de la época en que la vida sentimental del poeta empezaba, que se engarza, como las joyas en una custodia atea, con una visión amarga y pesimista arropada por el manto de la tradición. Habría que destacar una cierta religiosidad que juega con símbolos y tradiciones mezclada con profanidades que convierten a algunos poemas en oraciones para una ceremonia de la confusión y de la culpa: el peso de una educación adusta y severa. El crítico José Luis Morante define así la poesía de Marcos Matacana Martín:  La poesía de Marcos Matacana Martín podría adscribirse –si se me permite una vez más ese recurso crítico de las etiquetas- al realismo figurativo, a esa lírica enunciativa que destila insatisfacción y que fuerza al lenguaje a mostrarse crítico con el conformismo.
           Sólo por leer, y llorar, el poema “Tú nunca dejarás de ser un niño”, este libro es una joya. Es un poema escalofriante del amor de un padre por su hijo. La edición es ejemplar, con la sobriedad de la luz de Triana y el claroscuro de la sombra de Sevilla. Salgan del jardín marchito de la poesía, tan al uso en nuestros días, y respiren en otro jardín donde hay polvo en el aire
                                    _______________________________



Segundo polvo: Imagínense que Bukowski hubiera nacido en Sevilla, pero con menos tronío que Marcos Matacana Martín, y que me mandara su primer libro. Pue eso. Sin calima, pero espolvoreado me llega desde esa ciudad Polvo en el aire, de Marcos Matacana Martín, editado en palimpsestoeditotial. Un libro esperado por muchos motivos: es irrespetuoso, insolente, cínico, atrevido y “real como la vida misma”. Es el primer libro de un poeta-profesor que sabe, y este es uno de los aciertos de Polvo en el aire, aprovecharse de nuestros clásicos, usar la intertextualidad, tocar la fibra de la sensibilidad, rebajarla, retorcerla el cuello y cuando parece que el poema va a caer en el melodrama, cuando uno teme que la poesía poliéster va a llevarse a la poesía cotidiana, a veces desnuda, poesía puta o yonqui, poesía de la honda melancolía, aparece la maestría del poeta y el poema remonta y vuela y se hace grande y poderoso. Y es entonces cuando nos encontramos con poemas que son un mundo, que es lo que debe ser un poema, una historia, un relámpago que ilumina y deslumbra, poemas que le dejan a uno con un nudo en la garganta y un temblor en el corazón. Pero es un libro, sobre todo, con una técnica brillante, chorreando musicalidad, medida, ritmo, acentos y endecasílabos de antología. Es un libro, para bien o para mal, sin puntos, ni comas, ni mayúsculas porque no los necesita, porque es una poesía que viene de una tradición yanqui, donde la norma es no tener norma, donde el verso fluye suelto, libre y que el lector respire donde pueda, donde la emoción le deje. Polvo en el aire es un muestrario de citas de poetas admirados por Marcos Matacana Martín, citas que, en ocasiones, podrían ser innecesarias, pero que en un libro de este calibre se agradecen para que uno no se pierda en el camino. Un libro necesario, único, que puede marcar un momento en la poesía del siglo XXI. ¿Hace falta decir que es un libro que hay que tener en la mesilla de noche por si las moscas? Dicho está. 
                      ______________________________________________



                                            Coda final        
Días azules
                            Estos días azules y este sol de la infancia
                                                               Antonio Machado
días azules porque nada
de lo que ha ocurrido luego
nos iba a pasar a nosotros

Autorretrato
                                Un pálido dibujo a tres colores.
                                          Charles Baudelaire
yo también fui fuerte
y confié en que el tiempo
correría a mi favor

y creí que vivir
valdría la pena

y llegué a pensar
que era un buen tipo
incapaz de hacerle daño a nadie

y mira ahora
en qué me he convertido


Tú nunca dejarás de ser un niño.

                                             Tu dignidad es la de todos.
                                              José Agustín Goytisolo

tú nunca dejarás de ser un niño
que no va a perder nunca la inocencia
sincera de los labios cuando crezca

serás un niño mudo a la mentira
incapaz de contar que eres feliz-
en las rutinas siempre un niño
molesto en las iglesias y en la siesta
la risa en los momentos graves
un joven un adulto un viejo siempre
mirado por algunos
con lástima o desprecio
que nadie envidiará porque quizás
no llegues a saber qué es la amistad
ni llegues a entender qué es el amor
aunque lo sientas

tú nunca vas a ser
capaz de comprender lo que te escribo
aunque eso en realidad no importe mucho
el día que te tenga que dejar
solo en el mundo
te costará entender qué me ha pasado
o puede que te enfades y que busques
mi foto en tu carpeta un pictograma
perdido o un juguete que se ha roto
o puede que te tapes los oídos
por no querer oír
el brillo de una lágrima en los ojos
que el tiempo va pasando y que el invierno
termina por llegar y que no siempre
se puede ir a la playa aunque se tengan
deseos de nadar

tú has nacido hijo mío porque un hombre
lo sepa o no lo sepa puede ser
honesto y generoso como tú
lo serás siempre

porque tu vida
no es menos misteriosa
ni más absurda
ni menos digna
que la de Julia