miércoles, 21 de febrero de 2018

Redonda y blanca,de Antonia Alvarez


                         


                        ¿QUÉ ES REDONDA Y BLANCA?  UNA AVENTURA DE ALTURA

Redonda y blanca
Antonia Alvárez
Ilustraciones: María Merino
Bohodón Ediciones, Madrid, 2018.

          Un libro de poesía infantil es un tesoro: despierta en el niño su amor a la poesía, es una herramienta que enseña y divierte, un maestro al alcance de la mano. Un libro de poesía para niños aumenta el lenguaje, le da una visión del mundo que le rodea, le abre un mundo de fantasía y le enseña la musicalidad y el ritmo en el poema. Un lector infantil puede sentirse mejor acompañado, a veces, con un libro que con su hermano o con sus padres: el libro no miente, no engaña, no grita, no está de mal humor. Un libro de poesía, digamos como Redonda y blanca de Antonia Álvarez, chorrea claridad, transmite la verdad, envuelve al niño en una atmósfera de confidencia y puede ser, para el futuro, una de las bases de su formación.

Las constelaciones
son grupos de estrellas,
todas muy lejanas,
brillantes y bellas.

          Redonda y blanca, ya el título parece un acertijo, que tiene como personaje y pretexto a la luna va escalando sus diferentes “caras”, pero también el libro se ocupa de la vida y de la sociedad, del mundo que nos rodea. Es un libro de altura, celestial, casi divino si no fuera porque la luna a veces se constipa y hay que vacunarla. (Un poema que está de rabiosa actualidad y que sirve también para los padres. La gripe, en USA, se ha llevado cerca de noventa niños).

Para que no coja catarro la luna,
el doctor le ha puesto hoy una vacuna.
No llores, lunita, que no duele nada,
y de resfriados estarás curada.
Mira que en lo alto hace frío y hiela:
ponte la bufanda del polichinela.

          Una pequeña enciclopedia en la que aprendemos el significado de los días de la semana, los meses, las estaciones, las constelaciones, las relaciones del sol y la luna, los números, la mirada de la luna enfadada y dando gritos “porque ve como arde el bosque / y nadie, nadie la escucha, / y el fuego corre que corre”.

          Redonda y blanca no es un libro de poesía blanda o intrascendente es un libro para un lector inteligente, con un texto de impecable musicalidad, preciosas y atrevidas metáforas, rima y sentido común. La autora, licenciada en Filología Románica, poeta de nieves y lluvias, de melancolías y dulces sombras, usa un vocabulario enriquecedor, poemas breves, canciones para despertar el corazón del lector. Uno que es casi vegetariano agradece que el libro sea tan políticamente correcto desde el punto de vista “vegetal”, que enriquezca el vocabulario y la conciencia del niño al ver que hay vida sin hamburguesas.

La luna puso en la mesa
coliflores y espinacas,
tomates, ajos y puerros,
lechugas y calabazas.

Y en un frutero dispuso
manzanas, uvas y peras,
naranjas, limones, kiwis.
plátanos, moras y fresas.

Mira que bien se alimenta:
por eso está tan contenta.

    Una luna vegetariana y golosa, miedosa y cambiante, juguetona y feliz, triste y estudiosa, redonda y blanca. Y, sobre todo, una luna poeta.
  Un libro imprescindible en la primera biblioteca del lector más joven, que entronca con los mejores libros de literatura infantil. Redonda y blanca está primorosamente ilustrado por María Merino con unos dibujos cómplices con el texto, que alegra la mirada y ayuda a conocer y querer más a la luna y sus amigos.
         Un regalo lleno de vida y de poesía, de consejos y de amor que el lector infantil agradecerá. Un libro de altura que te hace crecer.



martes, 6 de febrero de 2018

Del Diario


                       
        


         060218.- John vivió parte de su vida con su hermana. Irlandés, católico, soltero, frágil de cuerpo, con punzantes ojos azules, manos de mármol con finísimas venas azules, amable, delicado, siempre de traje y corbata era desde que se jubiló, el que abría y cerraba la Iglesia de Saint Agustíne, el que ayudaba a misa, el que pasaba el cesto de las limosnas en el ofertorio, el que leía la epístola y el que consolaba a los afligidos. Toda una vida dedicada a Dios, a la iglesia, a los demás. Nació en 1927 y ha sido testigo de muchos cambios en la iglesia, en su barrio de Brooklyn y en la sociedad.
          Hoy le han enterrado después de una misa concelebrada por dos sacerdotes y un diácono, bendiciendo con chorros de agua bendita y humo perfumado el ataúd de caoba. Ha sonado al Ave María, de Schubert y el Panis angelicus que escribiera Santo Tomás de Aquino, en la voz trémula y temblorosa de un viejo amigo de John. Acompañaban los restos mortales del guardián de la parroquia seis sobrinos y un buen número de amigos y vecinos, la mayoría gente mayor, achacosa y enfermiza. Una vez terminada la Misa de Resurrección el féretro, transportado por seis hombrones vestidos de negro, avanzó por el pastillo del templo. Una de las sobrinas-nietas, una rubia de unos 4 años, vestida con un abrigo verde (verde Irlanda) que se había soltado de sus padres, se puso delante de la cortejo caminando feliz y sonriente mientras que la hermana de John, en una silla de ruedas, como una dolorosa en un trono de soledad y los sobrinos llevaban los ojos llenos de lágrimas. La inocencia no teme a la muerte. La muerte nos conoce a todos.
          A la salida alguien repartía una foto de John de traje y corbata con dos fechas y su nombre. El irlandés que conoció muchas guerras, soltero, que se pasó toda su vida sirviendo a la iglesia: del latín al inglés, del esplendor a la decadencia, de un concilio a una revolución. En el atrio de la iglesia el celebrante, que era de la India, volvió a rociar con el hisopo del recuerdo el ataúd y lo envolvió en una nube de melancolía.  Mientras la comitiva se alejaba y se quedaba la iglesia vacía y oscura alguien pensaba, nublándosele la vista y sintiendo como si le estuvieran dando garrote vil en su vida, en el día en que le rocíen su cuerpo con fuego y olvido. Dentro de un tiempo el recargado ataúd caoba será aserrín y lo que guardaba será ceniza. Sale uno a la mañana cruel y luminosa de febrero y respira su luz con ansias y camina a tu lado rozando tu tristeza. 
         Y se pregunta: ¿Qué será del que quede de los dos?


sábado, 3 de febrero de 2018

In tempore belli.


                                                    



                                                          Facilius in morbos incidunt adulescentes,                                                                                                 gravius aegrobant, tristius curantur. *
                                                                                                  
                                                                                   De Senectute, Cicerón


                         JARDIN 

Del esplendor de entonces nada queda.
La nieve ha silenciado el fuego del jardín,
las rosas bautizadas por la hermosa mirada
del jardinero muerte, convirtieron su esencia
al deseo pagano, apóstata la espina de su agua.
La casa se reviste de polvo venenoso
y la hierba del ocio florece entre la plata:
una lengua de ruina lamiendo los retratos.
Se acerca a la ventana lentamente
y descorre el visillo que tiembla polvoriento,
mira el jardín helado y maldice su suerte.
Siente un puño de sangre entre sus venas,
una rosa de ira entre su pecho,
un tiro entre la nuca despejada
y cierra la ventana para siempre.
De espaldas al jardín la luz es una gasa
que le ciega su firma y su palabra
abriéndole una deuda con la vida.
Tan sucio está de soledad y barro
que ya no ve la rosa del verano
que sentencia con fúnebre perfume
su desahuciado nombre en la navaja.
La azada de su sexo ya oxidada
no llegará a estrenar la primavera.



De In tempore belli. 1999.

Los jóvenes caen en la enfermedad más fácilmente, sufren más y son más difíciles de tratar.

jueves, 25 de enero de 2018

Siete cartones de invierno



SIETE CARTONES DE INVIERNO

Siete cartones que recuerdan un tiempo de nieve, tardes de pegajosa melancolía y un frío en el alma cuando al mirar a través de la ventana uno veia pasar la vida y con ella el ruido de cuerpos y sus sombras reflejadas en la incierta luz de un nuevo día.









viernes, 19 de enero de 2018

De postre, manzana




                                                EL PARAISO DE SANDRA SÁNCHEZ       



Una manzana en la nevera
Sandra Sánchez
Piediciones, 2017.

        Partiendo del paraíso poético y teniendo como tentación una manzana en la nevera, con el libro de Sandra Sánchez bajamos al infierno para volver, no sabemos si condenados o llenos de gracia, a la tierra donde nos espera el amor y el desamor, la tristeza, la pérdida de la inocencia, el fuego y también la esperanza.

                                          Me pediste besos
                                          hasta que te quemaran mis labios.
                                          Te di versos
                                          hasta que me abrasó la lengua.

Una manzana en la nevera, editado por Piediciones con un prólogo de Pablo Malmierca, es un primer libro donde predominan los poemas breves, incisivos y punzantes, apuntes que dejan ideas sueltas para que el lector las recoja y las responda. Como en este poema, “Apéndice a la rima XXI”, que conecta con una poesía romántica, fundamentalmente “femenina”, pero con un guiño semántico y de género. 

                                                    Un día,
                                                    dejaste de clavar
                                                    tu pupila en mi pupila azul;
                                                    y eso
                                                    también fue Poesía

Uno que cree que un poema debe ser un mundo en donde ideas como la belleza, el dolor, el amor, la vida y la muerte sean argumento y base, escoge los poemas más extensos en donde se observa ese mundo que a su vez deja ver el de la poeta, un pequeño cosmos donde la razón y el corazón, el ritmo y la musicalidad, el mundo metafórico, dan al libro un estilo y una voz de mujer que, en este caso, está tentando al lector con la manzana de la poesía. Como por ejemplo en “Tentaciones” (que hubiera sido un buen título para el libro) que es uno de mis preferidos:



Un libro que desprende frescura, que parece esar escrito en "minúscula", sin embargo está salpicado de cotidianidad y  algunos poemas van envueltos en la piel de la palabra diaria. Un libro que juega al enigma del pronombre y transciende un misterioso perfume a paraiso prohibido. Un ejercicio de sinceridad, de dejar la carne en el asador de la poesía. Un libro que es ágil y es atrevido y, a la vez está tocado de una suave melancolía y timidez.  

De postre, también para horas de desvelo, para tiempo de snacks, al natural, acaramelada, a mordiscos, pelada o en rodajas la poesía de Sandra Sánchez les dejará un buen sabor de boca y les alimentará el corazón. 




jueves, 18 de enero de 2018

Mi río.


     







                                                    MI RÍO

                                          Hemos tenido suerte,
                                          pudimos caminar
                                          junto a la muerte
                                          que se llevó la luz de aquel verano.
                                          Cuando esté señalado con la sombra amarilla
                                          una cosa te pido:
                                          para entrar en el mar
                                          y olvidar lo vivido,
                                          ofréceme tu mano
                                          y ayúdame a llegar a la otra orilla.